Elyoyelello's Blog


FELIPE… ¿SOS VOS?…
febrero 2, 2010, 3:24 am
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Violeta era joven pero se sentía vieja de a ratos. Por momentos sentía que con tan solo 26 años había vivido experiencias que las amigas de su edad no habían tenido. Violeta corría por la vida, siempre apurada, siempre tan naturalmente escapista. Todo lo hacía rápido, todo lo hizo rápido, quizás por esa manía que tenía su madre de repetirle que no hay que perder el tiempo.

Esta cosa de andar a las apuradas empezó desde que era un bebé. Caminó a los 8 meses, a los 9 ya hablaba, aprendió a leer a los 4 años y medio, a andar en bici sin rueditas a los 6… todo sola. Todo lo hizo siempre sola, “no podía perder tanto tiempo esperando que me vinieran a enseñar, además quien mejor que yo para hacerlo”, bromeaba cada vez que sus padres la avergonzaban delante de alguien con estas historias.

Violeta era muy hábil, muy capaz, pero era tímida y modesta, no le gustaba alardear ni que alardearan sobre sus cualidades,prefería mantener un perfil bajo y retirarse siempre silbando bajito. De pequeña solía ser solitaria, no sabía si por gusto o porque ya a esa altura se comenzaba a vislumbrar su conflictiva para mantener vínculos sólidos y duraderos con los otros que la rodeaban.

Violeta “padeció su infancia” en todos los aspectos sociales. Si bien no era un ser aislado no lograba tener amigos. Los chicos suelen ser muy crueles y ella era muy emocional y sufría, hasta el punto de enfermarse, cada vez que sus “amigos” le jugaban una mala pasada. Nunca me contó mucho de su infancia, siempre dijo que no la pasó bien y que prefería hablar de otra cosa. Había asuntos sin superar de ese período constitucional de su vida, pero ella sentía que todavía no estaba lista para desentramar esa etapa.

No estaba bien, la angustia era cada vez más intensa, más punzante, ya casi no podía respirar. Había recuperado a su fiel compañero el insomnio y eso era una clara señal de un pronto desequilibrio psiquico. Hacía 3 días que se repetía a sí misma “el lunes tenés terapia, el lunes tenés terapia…” y eso la calmaba de a ratos. Sintió la necesidad de estallar, casi como una obligación, pero se puso algún disfraz que encontró a la mano y siguió resistiendo, “hasta el lunes, sólo hasta el lunes…”

Tenía ganas de llorar, de patalear, de gritar tan fuerte como para despertar a los muertos, pero se contuvo, tanto que hacía casi 3 días que no dormía. No sabía cómo seguir, no podía darse cuenta, el libre albedrío del ello en este caso era contraproducente, pero el yo no estaba en sus cabales para parar al superyó. El “puto superyó” actuaba por sí solo, producía ideas, reproches, vergüenzas, culpas, tan torturantes como los castigos de la edad media.

Se sintió Juana de Arco ardiendo en la hoguera, pero no por bruja o por hereje, sino por loca. En estos momentos pensaba en lo grato que sería ser psicótica, evadirse de la realidad por completo y vivir en un mundillo creado por ella y para su bienestar. Claro que lo hacía porque no tenía la menor idea de lo mal que se siente un psicótico, sino hubiera descartado la fantasía rápidamente, ya que lo que menos quería era seguir pasándola mal.

Violeta tenía algunos “problemitas” para enfrentar la realidad, le encataba la fantasía. Adoraba los ensueños diurnos, le gustaba evadirse todo lo que podía y “hacer castillos”. En sus castillos construía historias “fabulantásticas” y disfrutaba de dilemas, propuestas novelísticas y dramas, muchos dramas. Pero cuando despertaba todo estaba igual, estático, inmutable, y eso la angustiaba. No se daba cuenta de que eso pasaba porque la inmutable y la estática estaba siendo ella, porque vivía evadiendo, “ensoñada” y eso no le permitía dar curso a la acción.

Tampoco sabía como actuar, se encontraba llena de dudas, temores, como encadenada a algo que no podía describir, pero que desde fuera parecía ser la fantasía. Vivía encadenada a la fantasía, y eso causaba que el contacto con la realidad fuera tan duro y tan sublime que asustaba, y así volvía al “mundo de las hadas y los duendes” y continuaba repitiendo el único mecanismo de defensa que le quedaba por desentramar.

Violeta era fuerte, y lo sabía, era resiliente y también lo sabía, pero aún así continuaba pensando que no podía, que no lo iba a lograr, que nunca iba a tener lo que quería y que se iba a tener que conformar con lo que quedaba. Había algo que ella no había notado: estaba generando proyectos, y eso hacía que se empezara a relacionar con la tan temida realidad desde otro lugar, un lugar ya  no tan negro y no tan blanco, sino más bien gris. Un lugar de lo “posible”, del “puede ser” y ya no tanto del “sí o el no”. Ya no buscaba los extremos sino que se ubicaba en el medio.

Se estaba empezando a re-conocer a sí misma, estaba quebrando con viejas estructuras y eso le provocaba un dolor, no insoportable, sino imposible de disimular. No le gustaban los disfraces, pero notó que cada vez los usaba con mayor frecuencia, y había uno que sentía que sentaba demasiado bien y hasta se estaba acostumbrando a la idea de adoptarlo como algo permanente.

El disfraz consistía en una suerte de armadura que la mantenía a salvo de las “posibles agresiones exteriores” y que la prevenia de la salida de cualquier “exteriorización interior”. Con este disfraz se sentía ambiguamente libre, éste le permitía mostrarse tal cual era o una hipótesis andante de quien realmente era, y además la protegía de la entrada de cualquiera que quisiera acercarse y conocer más de lo que ella mostraba.

Pero algo pasó, algo que empezó a hacerla reflexionar en tener que modificar su plan de vestir la armadura por el resto de su vida. Se sintió perdida, afligida, apenada, no sabía que hacer con lo que le había planteado Felipe de un zopetón. Se quedó helada, estática, sin la posibilidad de ejercer cualquier tipo de acción.

-“Sos insegura, tenés baja la autoestima, te autoboicoteás y…no te puedo decir más nada.¿y sabés por qué no puedo decirtelo? PORQUE NO TE CONOZCO!!!”

Felipe la había golpeado en sus fibras más íntimas, y la había golpeado tan bajo y tan fuerte  que sintió un dolor tan agudo en el pecho que la dejó sin aire unos instantes.

-“No sabés nada de mí porque nunca me preguntás nada y yo no te lo cuento porque pienso que no te interesa…”

Esa fué la salida más rápida, pero no la real, tampoco había mucho de mentira en sus palabras, sino más bien de ocultamiento.

Felipe era lo único real que ella tenía en su vida, era su cable a tierra. Se veía reflejada en él y cada vez que hablaban y él le contaba sus “asuntos”, ella elaboraba silenciosamente los suyos que eran casi idénticos a los de él. Pero no podía contarle esto a Felipe, no podía decirle que a veces tenía ganas de hablar de ella pero que necesitaba que él diera muestras, aunque sea a modo de interrogatorio, de que estaba interesado en conocerla, de saber lo que pasaba por su cabeza.

No podía contarle que si hablaba de ella, él iba a empezar a notar sus faltas y ella no quería que las viera, quería que a él le gustara de la misma manera que hasta ahora y quizás más también, pero no se podía permitir que Felipe advirtiera su incompletud y la dejara de ver tal como la había visto hasta ahora.

Violeta no quería que lo real de Felipe y el vínculo real que mantenía con él se desvaneciera a causa de abrirle las puertas de sus recuerdos y vivencias un tanto penosas, porque sentía que ya bastante tenía él con lo suyo como para intentar hacerse cargo de lo de ella.

Violeta era fuerte, resiliente, orgullosa, terca y cabezadura, pero por sobre todo era sensible, emocional, romántica e idealista. No podía permitirse, en este momento, abrirse paso a la fantasía, no podía dejar que nada opacara la realidad, por eso sacó pasaje al abismo por unos días…

Regards

Jones…

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Empezando por… el medio?
enero 31, 2010, 11:51 pm
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Se me hace tan difícil empezar, no importa qué, cualquier cosa, nunca puedo empezar. Generalmente me doy cuenta de que lo hice cuando voy casi por el final. Y de la misma forma que me cuesta empezar, tambièn me cuesta advertir los finales. Que cosa rara los finales, a veces nos hacen sentir las peores cosas que estamos capacitados para sentir y otras veces nos dan tanta alegrìa que hasta quisièramos repetirlos.

Pero a veces pienso, y pienso mucho, que de tanto prestarle atenciòn a los principios y a los finales me olvido de mirar lo del medio, el desarrollo, y es ahí donde pasan las cosas más divertidas, más tristes, más horrorosas, más… más de todo. Es en el medio en donde  ponemos a prueba todas nuestras destrezas, todas nuestras capacidades, todos nuestros mecanismos de defensa. Es en el medio en donde nos encontramos con nosotros mismos…

Que cosa dura esa de encontrarnos con nosotros mismos, es un algo que muchas veces nos sorprende, otras nos horroriza, otras nos apena, otras nos levanta y nos sostiene y otras nos hace reir hasta que nos duele la pansa. Es un algo tan poco certero que casi siempre tratamos de evitarlo.

¿Qué pasa cuando nos vemos y no podemos evitar sentir que no nos conocemos, que no sabemos quienes somos? ¿Qué pasa cuando lo que vemos no es lo que proyectamos, cuándo no podemos sostener la proyeccion y nos vemos obligados a mostrarnos tal cual somos? ¿Qué pasa con la falta, con la carencia? ¿Qué pasa cuando ningún mecanismo es suficiente para sostener el ideal de que nos gustamos a nosotros mismos y en lugar de eso nos damos cuenta de cuanto nos disgustamos?…

Somos el resultado de la lucha constante entre el desear y el hacer de miles de generaciones, y venimos sosteniendo un sinfin de mecanismos que nos dejaron por herencia y que no podemos rechazar por el solo hecho de saber que nos fueron regalados y que a los regalos no se los devuelve porque “siempre son bien intencionados y siempre son con amor”. Pero ¿a quién cuernos se le ocurriría dejar semejante legado? ¿A quién le puede pasar por la puta cabeza dejarle a un hijo, a un nieto, a un bisnieto, miles de fallas, de malas conjeturas, de malas decisiones y de malos discursos? ¿A quién se le ocurriría dejar un regalo tan de mierda?

Cuando somos chicos aceptamos el regalo y hasta lo veneramos por el solo hecho de no conocer otra realidad más que la que nos presentan y que pseudo-coercitivamente nos hacen acatar. Pero con los años y la experiencias que adquirimos fuera del “nido” nos damos cuenta de que muchas veces los “dueños” del nido estaban equivocados y nos preguntamos todo lo que dije anteriormente. Pero al momento de preguntarnos y de hablar con nosotros mismos nos damos cuenta de que es un poco tarde para interrogantes que no tienen respuesta y de que el daño ya está hecho, que todo eso que mamamos ya echó raiz y que talar el árbol a esta altura sería tan difícil como hacer que crezca una planta de abichuelas mágicas en una sola noche…

Ya sabemos cual fue el principio en nuestras vidas, y casi certeramente podriamos adivinar el final, pero ¿el medio? Es ahí donde está la falta de conciencia. Nos enseñaron a empezar y a terminar correctamente, pero se olvidaron de enseñarnos a disfrutar de lo que pasa entre el principio y el fin, se olvidaron de decirnos que había un medio y que era tan o más importante que el resto y que no podíamos dejarlo pasar.

Te enseñan miles de cosas que después no sabés como usar y encima te cargan la culpa de no saber hacerlo, cuando los que no lo supieron hacer en un primer momento y te lo heredaron incompleto fueron ellos. Te culpan de sus fracasos, de sus faltas, de sus más oscuras mentiras y deseos incumplidos, y vos te cargás la mochila y salís a la vida como si fueras un camión de desechos tóxicos.

Pasas por la vida equivocándote incontable cantidad de veces en lo mismo por el solo hecho de que no te enseñaron a mirar el proceso, sólo a ver el principio del fin y el fin del principio. Te levantás todas las mañanas jurándote a vos mismo que no te vas a equivocar, que todo va a salir bien y que sos un triunfador, eso también a consecuencia de que tampoco te enseñaron que SÍ te podes equivocar, que errar es humano carancho!!!!

Entonces sumás todo, que lo que te enseñaron debe ser la única verdad, que el principio y el final son las partes más importantes del proceso, que no te podes equivocar, que no tenés derecho a fracasar, que no podés elegir lo que vos querés sino que tenés que obrar en consecuencia de lo que ellos te enseñaron, que tenés que triunfar… y la ecuación no te dá! Ni en pedo te dá, y te das cuenta de que te faltan los componentes más importantes: que lo del medio es tan importante como el resto, que si te equivocás aprendes, que vas a ser un triunfador solo si asi te sentis, que los fracasos también son experiencias de vida, que podés elegir por vos mismo y sobre todo de que el deseo guía a la accion, y que las cosas por obligación no se disfrutan.

Cuando le agregás esas variables a la ecuación, el ejercicio se aliviana y el resultado, aunque incertero, puede llegar a ser favorable, y te sentís más liviano y más seguro de lo que hacés, por el simple hecho de no tener la presión de tener que triunfar en todo lo que hagas. Ahí te empezás a encontrar con vos mismo, porque ya no le dedicás tanto tiempo a las demás variables, y sí al principio no te gustás, no soportás ni siquiera tenerte cerca, y entonces apelás a lo conocido, a la proyeccion de ese ser exitoso que ellos quieren que seas, pero vos sabés que está mal, que vos no sos así y entonces se te ocurre empezar a conocerte de nuevo, y te encontrás con cosas que te sorprenden y no podés creer que todo ese tiempo estuviste ahí sin ser descubierto por vos mismo.

Empezás a usar la introspescción, te metés bien adentro tuyo y buscás por los lugares mas recónditos una pista de tu esencia, esa que perdiste hace tiempo cuando te dejaste invadir por todos los preconceptos e ideales que ellos te cargaron y que vos aceptaste porque te dijeron que romper el papel de regalo trae suerte. Buscás y buscás y seguís sin gustarte, hasta que un día, click, viene el insight y te das cuenta de que algo bueno tenés, que no sos un ente que anda vagando por la vida lleno de agujeros, sino que sos un ente lleno de agujeros que vive, y que los agujeros forman parte de vos y de tu esencia. Que los agujeros también te hacen ser quien sos.

Y empezás a convivir con ellos, al principio los ocultas porque seguís la regla general y convencional de ser perfecto, pero vos sabés en el fondo, porque todavía no te acostumbraste a la idea, que sos perfecto con todos tus holluelos y que la perfección del ser humano es sólo un ideal de avanzada generación.

Por supuesto y vale aclararlo, hasta este momento estás en las profundidades del abismo, hablando con vos mismo,pensando, sos un subrogado de tus pensamientos. Pero diste el primer paso, pensaste, te buscaste y te encontraste, te viste ahi incompleto y te gustó y a partir de ahi empezarás a actuar en consecuencia. Encontraste el principio del medio, ya no del fin porque no te importa cual es el final de la historia, ahora te importa el proceso. Ya no te quedas sumido en el futuro de tus actos, sino que te quedas en el presente de tus deseos y es ahi donde encontrás el motor hacia la acción, en el deseo de ser quien sea que quieras ser.

Te tranquilizas, te olvidas de todos los “no podés” que te dijeron a lo largo de tu existencia, y cambiás el esquema. “Vos podés dentro de tus posibilidades y no tenés que demostrarle nada a nadie más que a vos mismo”, te repetís una y otra vez, y así salís a disfrutar de tu existencia, de tu nacimiento y de haberle encontrado un sentido a tu, hasta el momento, miserable vida.

Estás, de una vez y para siempre, empezando por el medio, modificando el final que te habían pronosticado ellos. Te estás empezando a olvidar de que sos un fracaso, de que sos igual que tal o cual, de que no hacés nada bien, de que nunca terminas lo que empezás, de que sos abandónico, de que vivís con miedo, de las faltas, del futuro, de la precaución, de que todo te va a salir mal si no aprendés a escuchar, etc.

Estás solo, sos vos y tus pensamientos, estás en el abismo y te sentis mejor que nunca. “Hoy sufres todavía a causa de la multitud, tú que eres uno solo; hoy conservas aún todo tu valor y todas tus esperanzas. Pero alguna vez la soledad te extenuará, alguna vez tu orgullo se abatirá y tu valor rechinará los dientes. Alguna vez gritarás: “ESTOY SOLO!”. Alguna vez dejarás de ver tu altura y contemplarás demasiado cerca tu bajeza; tu excelsitud misma te aterrorizará como si fuera un fantasma. Y algún día gritarás TODO ES FALSO.”

Regards.

Jones…



Entre paréntesis (parte III)
enero 6, 2010, 8:18 pm
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En todo ese tiempo no había sentido su ausencia de manera tan punzante como ahora, quizás la ausencia deviene tal por el efecto de la presencia. El tenerlo cerca, el saber que está, al menos a un paso del teléfono, hace que lo extrañe tanto que duele.

Le duele su ausencia cuando más presente está, le duele saber que está tan al alcance y no puede tomarlo, le duelen todas sus ausencias: las de palabra, las de mirada, las de pensamiento, y más le duelen sus presencias porque siente que no puede hacer nada con ellas, porque no son concretas, porque cuando está, está por fuera de toda situación, porque aún en la presencia está ausente.

-“Estuve muy solo durante un tiempo… me alejé de todos… dejé de salir…”

“Estuve muy solo” resonó en los oídos de Violeta. “Estuvo muy solo después de nuestro último encuentro”, pensó contextualizando oraciones. Se lo imaginó en la penumbra de su habitación, sentado a los pies de la cama, con una pierna sobre la otra, tocando de a ratos la guitarra, la mirada perdida, pensando, siempre pensando…

Siempre que lo imagina lo vé pensando en la penumbra, no sabe por qué no puede despegarlo de esos dos significantes. Durante mucho tiempo lo vió como un ser sombrío, melancólico, pero a la vez, como una suerte de ambivalencia, le vé ese brillo especial que tiene para ella, esa perspicacia, esa capacidad de resiliencia, ese renacer de sus cenizas.

-“No puedo… no se puede… como me calentás boluda…pero… ay… no se puede…”- Repetía Igancio en la oscuridad, con la mano en los ojos, alternando con el pelo.

-“¿Qué cosa no podés?” – Dijo Violeta.

-“No podemos cojer, me re calentás… ma calentás mucho… pero no se puede.”

-“¿Por qué no se puede? Hay muchas respuestas, me gustaría saber cuál es. ¿Es por qué estamos en tu casa? ¿es por qué no te gusto?…”

Le faltó preguntarle si era porque eran amigos, pero no quería escuchar que verdaderamente era por eso. Aún así,el tema no tardó en salir.

-“La última vez que estuvimos juntos…”- Dijo Ignacio y Violeta lo interrumpió.

-“Perdoname Nacho, pero te juro que no me acuerdo de casi nada de lo que pasó esa vez, me olvidé de todo… Decidí por mi bien olvidarme de todo…- Esta vez, Ignacio no la dejó continuar.

-“Y lo bien que hiciste Violeta, yo no soy una buena compañía, y además no estoy seguro de querer estar con alguien…”

Una mezcla de bronca, rencor, exasperacion y angustia se apoderaron de ella, pero sin saber cómo retuvo el impulso de decirle: “me tenés cansada de tanta vuelta y tanto drama, o es o no es!!!”. En lugar de eso, se sentó en la cama, lo miró a los ojos y le dijo muy tranquila y segura:

-“Me parece que si sos o no una mala compañía, soy yo quien tiene que decidirlo, porque encasillándote y autoboicoteándote no me estás dando la posibilidad de elegir, y yo quiero y tengo el derecho de decidir que clase de compañía sos para mí. Segundo, me parece que yo en ningún momento te plantée una relación, esto no es algo de lo que hayamos hablado y no creo que tengamos que hablar de cosas que todavía no pasaron, porque no sabemos como van a ser, porque no ocurrieron y porque ninguno de los dos tiene una bola de cristal para predecir el futuro.”- Aunque para ese momento el futuro ya se veía bastante negro.

-“No sé qué hacer. Desde el día del recital vos apareciste de nuevo en mi vida, y no sé… es complicado. Es como si no hubiera pasado el tiempo, como si no nos hubiésemos dejado de ver durante un año y medio…”

-“Sí, ya sé”- dijo Violeta- a mi también me pasa lo mismo, estamos en el mismo lugar en donde nos quedamos la última vez.”- Y literalmente estaban en el mismo lugar, en su casa, en su cuarto, sus viejos por ahí. Pero esta vez estaban poniéndose de acuerdo sobre cómo seguir, algo que no había pasado la vez anterior, algo se estaba modificando…

“Vos sos mi amiga…” Continuaba repitiendo Ignacio, como una forma de autoconvencimiento. “Sos mi amiga Viole…”

Mientras él seguía repitiendo su interminable y repetitivo monólogo de “sos mi amiga”,Violeta se encontró acomodando los pliegues de la sábana. Primero le dobló una punta dándole la forma de una suerte de figura como esas que se usan en los libros escolares para graficar las fábricas. El lado más alto del pseudo-rectángulo apuntaba hacia la izquierda, a su entender hacia atras, hacia el pasado, y al observar la creación “sabanística” se encontró hablando del pasado mismo, se encontró diciendo que la última vez habían cruzado la línea, y que si hoy se encontraban en el mismo lugar que hace un año y medio atras, entonces seguían cruzándola.

Violeta creía y cree, que hace tiempo dejaron de ser amigos, y le dijo, ésta vez como autoconvenciéndose ella misma de sus palabras:-“Si fuésemos tan amigos, no nos hubiésemos separado tantas veces, no hubiésemos perdido la continuidad…”

-” Vos sabés como soy yo, yo me pelee muchas veces con mis amigos y después nos volvimos a encontrar, y son cosas que pasan…”

-“Sí Nacho, pero nosotros nunca nos peleamos, nunca nos distanciamos por una pelea, las dos veces que lo hicimos fué porque algo más allá de la amistad pasaba entre nosotros…”- Silencio, un profundo e interminable silencio, que le hizo decir algo que se habia prometido cien veces no decir.-“Si para vos no se puede, bueno, entonces seamos amigos,pero yo no sé si voy a poder. Ahora te estoy diciendo justamente lo que vos querés escuchar, y me juré mil veces no hacerlo, pero si esto es lo que vos querés, entonces hagámoslo así, si no se puede entonces esta vez te voy a decir por qué me voy, porque ya no puedo seguir escapándome sin decirte porque lo hago.”- Y siguió, sin poder contener lo que tenía adentro-“Para mí también es díficil, vos también sos mi amigo, sino por qué creés que todavía no pude acostarme con vos…

-“Lo bien que hiciste!!! quien sabe qué hubiera pasado!!

Y la angustia la invadió por completo, y sintió esas enormes e incontrolables ganas de irse que siente cada vez que le miente o cuando realmente le está diciendo la verdad. No se fué, se quedó, se durmió un rato, otro rato se hizo la dormida, le pidió que la llevara, se fueron hablando de bueyes perdidos. Paró en su casa, intentó besarla, pero sin decir una palabra, Violeta lo besó en la mejilla y se fué. “Te quiero mucho” le dijo él, “yo también” le respondió y subió la escalera de su casa.

Se fué sintiendo ganas de no volver, se fué escapando, se fué pensando en por qué sufrir si parecía que otra vez, éste no era el “aqui y ahora”, si por mucho gris que le pusiera la mezcla la tenían que hacer los dos, y ella estaba dispuesta al gris ¿pero él?, él segía en negro, y a Violeta se le había acabado el blanco.

Así sigue ella, esperando, expectante, sabiendo que otra vez perdieron el rumbo. Es difícil contener los asuntos del pasado cuando vuelven. Es difícil dejar de pensar, “el pensar es la experiencia del abismo” dijo Nietzche alguna vez, y asi se encuentra, en el abismo, en la punta de un precipicio queriendo saltar, pero sabiendo que debajo no hay quien pueda agarrarla.

En el abismo estamos solos, en el abismo no tenemos en quien apoyarnos más que en nosotros mismos, y por más grande que sea la confianza que nos tengamos, en cuestiones del amor las cosas son de a dos, y en el abismo no hay dos, hay dos en el hacer, en el actuar, en el interactuar, pero no en el abismo, en el abismo convivimos con lo más claro y lo más oscuro de nosotros mismos, y eso a veces no es suficiente.

Jones.



Entre paréntesis… (parte II)
diciembre 29, 2009, 3:15 am
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Paréntesis habia habido varios, ahora hablando de hechos concretos y no de interrogantes, pero dos fueron más que importantes, esos dos marcaron la diferencia. Esos dos no habían sido desencuentros sino encuentros en el sentido más amplio de la palabra. Habían sido encuentros entre un hombre y una mujer, ya no más entre dos seres asexuados movidos por la fuerza de la amistad. Esos dos encuentros habían cruzado la línea trazada por el Superyó de ambos, infranqueable, hasta el momento, por el deseo inconciente.

El primero fué, de alguna manera, predeterminado. Una salida arreglada de antemano, la primer salida solos desde que se conocían (casi 6 ó 7 años). Varias cervezas de por medio quebraron la fuerza resistencial y ella se dispuso a seducirlo, guiada por un inexplicable deseo de poseerlo. Sabía que él siempre le había llevado la delantera en varios aspectos: siempre había pensado y hablado antes que ella, siempre había tenido la última palabra y siempre la había manipulado en el mejor sentido del término. Pero había un aspecto en el que ella era más fuerte que él: como MUJER. Sabía que si lo seducía lo iba a poder tener, sobre todo arrodillado ante sus pies.

Pero cuando logró su cometido, se dió cuenta de que no podía, su Superyó se habia activado, y el miedo la invadió por completo después de escuchar sus palabras:-“Hace mucho que estoy esperando este momento… Estoy muy feliz… Mañana cuando le cuente a mi vieja… ¿Y qué les vamos a decir a los chicos?…”

“Mi vieja”, “Los chicos”, en ese momento le significaban a ella figuras muy importantes, y la realidad la invadió por completo y al mismo tiempo el pánico al futuro. Se había dejado llevar por la fantasía y la realidad era otra para ella en ese momento. Tenía 20 años, estaba saliendo y entrando de una relación bastante tóxica y no sabía que hacer con su vida. El hecho concreto de haber seducido a su mejor amigo y de haberlo escuchado decir lo que hacía tiempo sospechaba y quería escuchar, la dejaron tan perpleja y asustada, que lo único que se le ocurrió hacer fué dejar de contestarle el teléfono al menos durante un año, hasta que él dejó de llamarla al celular y un día la llamó a su casa, y la tomó desprevenida por completo.

Las piernas le temblaron al escuchar de nuevo su voz, esa voz tan inolvidable, tan grabada en su memoria a largo plazo. Pero esta vez no pudo dejarse llevar. No estaba sola, salía con alguien desde hacía un tiempo, pero aún así, la sensación que invadió su cuerpo, siguió siendo la misma que la de esa noche inconclusa. Ésta vez sí hubo un paréntesis propiamente dicho.

No tiene un buen recuerdo, ni mucha idea de cómo se sintió él durante el primer encuentro. Recuerda claramente su mirada pentrante y liviana, recuerda que se tocó los ojos (como lo hacía cada vez que dudaba de hacer o decir algo verdadero). Recuerda como la tomó de la cara y la besó larga y tiernamente. No sabe que le pasó después. Recuerda su voz triste en un mensaje en su contestador, no sabe que dijo, tampoco se lo preguntó nunca, y menos volvieron a hablar del tema (al menos hasta hoy, cuando ella le recordó las palabras que él dijo, y ésta vez la falta de respuesta vino de su parte).

El segundo encuentro fué bastante más intenso, al menos duró más y las cosas entre ellos alcanzaron otro nivel. Ésta vez, ella salía definitivamente de su relación tóxica y él de haberse acostado con la mejor amiga de ella, cosa que a Violeta parecía no importarle demasiado.

No se acuerda de como empezó todo, lo que sí recuerda es que se fué dando una cierta continuidad que se había transformando en algo ameno y familiar, y que resultaba ser muy gratificante para ella y parecía ser así también para él. Hablaban mucho, casi sin mirarse. A los besos se les habían sumado caricias y arrumacos, y ya habían vencido con creces la barrera de la timidez. Y ahí le pasó algo por primera vez: supo que lo amaba.

Ese “amarlo”, ese “estar enamorada”, le impedían acostarse con él, ni siquiera podía imaginárselo. La calentaba como nadie, se le acercaba y su libido ya estaba por los cielos… Pero no podía… Simplemente no podía…

Una noche, que ella no recuerda, Ignacio le dijo que nunca había ido a un hotel, y ella, seguramente borracha e idiota por esos impulsos del amor, lo llevó a recorrer los que conocía, sin encontrar ninguno disponible. Hoy agradece que no haya habido lugar, quien sabe que hubiera pasado…

Para el próximo encuentro, los dos sabían qué iba a pasar, sólo que el momento y el lugar en el que estaba por suceder no eran los correctos, al menos no para Violeta. Habían salido de compras y al regresar se quedaron en casa de Ignacio mirando una película en la cama. Una cosa llevó a la otra y de repente se encontraron en el momento en el que había que quitarse la ropa. Por su cabeza pasaron miles de cosas, pero la principal, y la excusa perfecta para su Yo, era que los padres de él estaban en la casa. El pánico fué, de nuevo, ejercido por su “puto Superyó” (asi lo llama Violeta), y un llamado telefónico le dió el pié para irse más que corriendo. Sabía que no iba a verlo más, al menos por un tiempo. Sabía que se estaba escapando, sabia que no tenía que hacerlo, pero lo hizo. Ésta vez el llamado tardó alrededor de un mes en llegar y volvió a no atender, pero en esta ocasión estaba enojada por la demora.

Así pasó casi un año y medio, y no se acordó de lo ocurrido durante todo ese tiempo. Escondió el recuerdo en su inconciente, lo borró de su conciencia y no volvió a recordarlo hasta el día que encontró a Ignacio, perdido, entre el mar de gentes…

Jones.



Entre paréntesis…
diciembre 28, 2009, 12:16 am
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-¿Y si de repente aparece? ¿Y si lo llego a ver?- se preguntó. Y efectivamente ahí estaba, entre la multitud que iba y venía, entre los que se chocaban entre si, se desviaban, se perdían entre la gente. Ahí estaba, perdido como siempre, esperando que lo encuentren, esperando… Sólo que esta vez no se imaginó que iba a ser ella quien lo encontrara. En principio no la reconoció y tuvo que pasar un largo rato para que advirtiera que era ella quien había llegado a rescatarlo de entre la marejada de extraños.

Parecía ser una suerte de casualidad, una especie de maniobra del destino, pero ella no lo creyó así, sino que pensó y se repitió, como muchas otras veces, que todo sucede por una razón, sin importar su cualidad (hablando en términos de bueno o malo), todo ocurre por algo, todo tiene su razón de ser. Y así fue, la esencia era la misma, el tiempo y el lugar diferentes. Con el correr de los años se habían rescatado muchas veces el uno al otro, aunque en esos momentos los desencuentros sumaban mas que los encuentros, y las huídas eran la maniobra cotidiana. Esta vez los dos sabían que el escape ya no era suficiente mecanismo de defensa, esta vez tenían que “encontrarse” y si era necesario buscar otro mecanismo que los defendiera de ellos mismos, pero ya no más la huída.

La huída para ellos era lo que para el inconciente es la vivencia reprimida, sin una no existe lo otro, y así funcionaban, escapando continuamente, pero ¿de qué? ¿de una poderosa fuerza de atraccion? ¿del sentimiento que los inunda cada vez que se cruzan en la vida? ¿del no poder arriezgarse? ¿del miedo a sentir y a asumir las ganas de estar con el otro teniendo en cuenta nada más que la utopía del amor romántico?…

Después de un rato y en plena oscuridad, lo vió, vió su esencia inmutable, como decía Descartes, vió su ser, y un sentimiento de angustia la invadió por completo, tanto que no logró contener las lágrimas y algunas rodaron por su mejilla en silencio, tímidas, con miedo de ser descubiertas. -¿Por qué tanta tristeza?- se preguntó-Si debería estar feliz por este “fortuito” encuentro-. Angustia era algo que sentía cada vez que estaban cerca, y hoy podía entender el por qué. Por miedo a que se fuera, por miedo a irse, por miedo al “no”, por no saber qué decir, qué sentir, qué locura!

De repente algo la tranquilizó, su trabajo analítico la había ayudado muchas veces a vencer las barreras de la represión, a decir lo que pensaba, como lo pensaba por más disparatado que sonara, y súbitamente se encontro parada a si misma en un lugar distinto, posiblitándose y posibilitándole a él, modificar el curso de sus futuros actos. Abriéndole la puerta de salida a la compulsión de la repetición y dándole paso al deseo inconciente, tan pronto y tan dispuesto a manejar su conciencia. El YO  estaba saliendo de escena, y el Ello se hacía presente.

Se dijo y se convenció a si misma: -Esta vez no te vas a ir sin decir lo que tenés que decir, y cuando te vayas, si es que tenés que ir, te vas a ir sin dudas y con la plena sensación de que hiciste y dijiste todo lo que tenía que hacerse y todo lo que tenía que ser dicho. Él seguía ahí, expectante, anonadado, curioso, reflexivo como siempre, pero se notaba en sus ojos una certeza: este era el momento, este era el “aquí y ahora”, y si bien las cosas podían salir mal, sabía que tenía que intentarlo, vencer el miedo, derribar el muro que venía construyendo desde hacía muchos años y no seguir poniendo ladrillos, porque la pared estaba ya muy alta, y cada vez más, la imagen de ella en espera, se iba desvanenciendo frente a si.

Pocas veces habían podido mirarse a los ojos, siempre que lo hacían apartaban la mirada rápidamente, quizás por temor a decir algo, quizás por temor a estar diciéndolo todo. Pero de una u otra forma sus ojos se encontraban, actuaban de manera independiente, como dos fuerzas incontrolables, y decían mas palabras que hasta el diccionario mismo.

Creo que nunca usaron el lenguaje oral como medio de comunicación, entre ellos siempre predominó la prosa, el gesto, ese tipo de lenguaje que no miente como lo hace muchas veces la palabra hablada, generalmente trastocada por quien la dice. Sólo bastaba una mirada, tantas veces acertada y otras tantas evitada.

Él seguía ahí, escudriñando desde fuera, buscando la seguridad en algun lugar cuando la única que necesitaba estaba dentro de si mismo. -“¿Esta vez me vas a atender?”- le dijo. Creo que se refería al teléfono, pero ella sabía que algo más había en esa simple frase que se repetía con frecuencia con el correr de los años. “Rebuscada y retorcida” como era (asi la llama su analista), tradujo esas “simples palabras”. -¿Esta vez me vas a prestar atención?- Creo que nunca dejó de hacerlo, siempre ocupó un lugar en sus pensamientos, siempre un recuerdo súbito, una preocupación, un gran signo de interrogación cada vez que disponía su atencion sobre él. A veces uno aparta los grandes interrogantes, los obvia, los pone en el margen de la hoja, quizás porque teme no encontrar nunca la respuesta, quizás por eso muchas veces él creyó que ella no lo atendía, porque lo que había entre los dos estuvo mucho tiempo “obviado”, entro en amnesia, estuvo metido entre esos dos signos ortográficos que, convencionalmente, llamamos “paréntesis”.

Jones.



Hello world!
diciembre 27, 2009, 9:48 pm
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